September 26, 2017

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Traslados

With the release of the bestseller Traslados, Silvia Korenblum, psychologist and diplomatic spouse, describe and explore the transitory migration of diplomatic life and its impact inside the family. Diplomat Magazine decided to publish this powerful companion book designed for diplomats and their families, in its original language.

Second chapter.

Por Silvia Korenblum.

La gran mayoría de las familias en tránsito se desplazan debido a que la madre o el padre de la familia tienen una oportunidad de trabajo que los lleva a salir de su país de origen, cambiando de sede con cierta frecuencia. Esta oportunidad generalmente trae consigo una mejora en el desarrollo profesional y en lo económico. Desde un aspecto personal, los directivos de empresas buscan ser transferidos a otros países por varias razones: mejores compensaciones económicas, nuevas experiencias, estándares de vida más altos, en especial en aquellos países en los que se convertirán en parte integrante de la elite social. También se destacan la oportunidad de aprender diferentes idiomas y culturas, y obtener cargos con mayores responsabilidades.

Hace no tantos años, la mayoría de los ejecutivos internacionales eran hombres, y las mujeres funcionarias internacionales eran una excepción. Hoy en día esto se ha transformado siendo la proporción prácticamente cincuenta por ciento hombres y cincuenta por ciento mujeres.

Las mujeres funcionarias, a diferencia de los hombres, tan sólo en una proporción menor se trasladan acompañadas de su familia, ya sea porque son solteras o separadas, o bien porque el marido no acompaña en forma permanente. En efecto, todavía hay un fenómeno observable: al hombre le cuesta mucho más seguir a la mujer por trabajo que al revés. También encontramos mujeres funcionarias con familias sin esposo, madres de familia solas.

Sin embargo, existen también los casos en que los hombres acompañan a sus mujeres, tomando muchas veces roles que en general son históricamente femeninos. A esto me referiré más adelante en detalle al analizar la particularidad de la mujer funcionario internacional y su cónyuge como acompañante.

A consecuencia del desarrollo cultural de las últimas décadas han cambiado mucho las premisas para el estereotipo masculino y femenino. Ahora ambos, la mujer y el hombre, se encuentran en una profunda transformación respecto de la función específica de cada uno de los sexos. Entonces, en esta situación, son víctimas de una postergación, en virtud del cónyugue… Hoy ya no se tiene en cuenta más que el propio rendimiento” (Jurg, 1978). Antes “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”. Hoy, ésto ya no se escucha más, cada uno se ocupa mucho más de sí mismo.

En la diplomacia, otro fenómeno observable es el de las parejas de funcionarios, en dónde ambos pertenecen a la carrera o a la función diplomática, en cuyo caso los roles son más repartidos.

En cualquiera de las situaciones descritas, el proceso de expatriación puede fracasar. En su gran mayoría, estos fracasos se deben a una falta de adaptación (a nivel personal y familiar) al nuevo entorno cultural, y a la incapacidad del funcionario de hacer frente a sus nuevas responsabilidades. Por tanto, el expatriado no sólo deberia recibir una preparación para el cargo que ocupará, sino que también se deberia incluir a su familia en la formación sobre el impacto cultural que sufrirán.

“El libro “Traslados , la mudanza internacional y su impacto familiar” Fue concebido para explicar y tratar de ayudar con los problemas de las familias de los diplomáticos en los sucesivos traslados, tanto en las salidas al exterior como en los regresos. Para esto se vale del relato de historias de quienes pasaron por la experienciacon los distintos puntos de vista de las funcionarias, los funcionarios, sus parejas y sus hijos. Es un trabajo en donde se plantean las ventajas y las desventajas del proceso.Se incluye el analisis de temas tales como la adaptacion, el shock culturl, el duelo por la lejania de la familia extensa y el retorno, entre otros.” Silvia Korenblum.

Cuando la familia se muda es el funcionario que llega al nuevo destino, tiene ese punto de referencia (la empresa, la embajada, el laboratorio). Este es un lugar de contención, una base segura.

El cónyuge, por su parte, se ocupa de la casa y de los hijos y de la instalación de la familia en el nuevo lugar. Hay cónyuges que experimentan esta realidad sin problemas: ocupando el rol de organización se sienten satisfechos, y pueden asumir los desafíos que ello implica. En estos casos, el cónyuge asume este papel en el convencimiento que es su parte en el trabajo que motivó el traslado, que por lo tanto pasa a convertirse en un trabajo familiar.

Hay otros cónyuges que este papel no les sienta tan cómodo. Por lo general se trata de personas que han estudiado alguna carrera o tienen un trabajo u ocupación que debe ser abandonado en el momento del traslado. Ahí pueden surgir problemas que resultan de la contradicción de estas dos variables (carrera propia versus seguir al otro).

La decisión de acompañar en un traslado a la pareja no implica que la contradicción desaparezca. Es más, la misma se puede profundizar cuando el que se queda en la casa debe ocuparse de la instalación familiar, ya que pueden sentirse desubicados o anacrónicos (les cuesta mucho más a los hombres esta posición o a algunas mujeres con ambiciones profesionales ).

En general, el que se ocupó de la crianza casi siempre tiene que contentarse con trabajos subordinados ya que dedicaron su tiempo de mayor productividad a esto, mientras que los funcionarios internacionales pueden ejercer una carrera profesional gracias al empleo sistemático de todas sus fuerzas y a la ayuda de sus parejas.

Por consiguiente no se puede considerar, sin más ni más, como trastorno neurótico cierto el que en algún momento el cónyuge reaccione con celos, envidia y tendencias destructivas. Dentro de estas parejas, en donde la subordinación de uno a la carrera del otro es muy clara y permanente, y por lo tanto es muy difícil que haya un desarrollo profesional para ambos, es muy alta la cantidad de divorcios o separaciones. Las empresas dan muchos beneficios a sus directivos y exigen en consecuencia. Hay veces en que el funcionario debe viajar considerablemente y ausentarse de la casa y es el que queda quien debe quedarse a cargo de la familia, ya que “papá tiene que ir a trabajar” o “mamá tiene que ir a trabajar”. Se debe tener en cuenta, además, que muchas veces el funcionario debe presentarse a su trabajo desde el primer día de arribo al país.

Liliana, una argentina de 40 años relata, “Cuando llegamos a Venezuela, haa tres meses que mi marido estaba allá, y no pudo venir a recibirnos, llegamos al aeropuerto y estaba una secretaria y el chofer de la compañía, la verdad es que no sabía qué decirle a mis hijos, estaba estupefacta…”.

Este tipo de familias funcionan con la típica ideología de parejas tradicionales en las que la mujer (o el que ocupa la posición típicamente femenina en la familia) se ocupa de todo lo que es “adentro” y el otro de todo que es “afuera”. El “adentro” son los niños, las cuestiones domésticas. Eso lleva al rol solitario del ama/o de casa.

Muchas empresas u organismos internacionales o gubernamen tales no tienen en cuenta la carrera profesional del cónyuge ni su situación laboral . De acuerdo al último estudio de Price Waterhouse Coopers sobre los traslados internacionales, de cada diez fracasos de empleados expatriados, ocho se producen como consecuencia de la inadaptación de la pareja al nuevo ámbito (Canales, 1999).

Aunque tiene poderosos beneficios secundarios para cada protagonista, esta situación es fuente importante de conflictos de pareja. Pero sobre todo, en tanto atraviesa el subsistema hijos, genera en ellos y en los vínculos que tienen con los padres, zonas de confusión y de silencio, promueve conflictos de lealtades, sobrecargas y dificultades para la individuación (Troya, 2000).

Silvia Korenblum, autora de Traslados.

La flexibilidad es una característica determinante. Las familias flexibles afrontan más fácilmente los cambios y se adaptan mejor a ellos, las que no son suficientemente flexibles experimentan conflictos y la consiguiente aparición de síntomas en los períodos de transición. Habitualmente, hay que ayudar a estas familias a establecer una sensación de continuidad y competencia.

La adaptabilidad de una familia se halla, por lo tanto, íntimamente ligada a su grado de flexibilidad y su aptitud de cambio.

Olson (1986) define la adaptabilidad de una familia como la capacidad de un sistema conyugal o familiar de cambiar su estructu- ra de poder, relaciones de roles y reglas de relación en respuesta al estrés situacional o evolutivo.

Una familia migrante necesita como equipaje básico una buena cuota de adaptabilidad. Las familias migrantes suelen ser muy unidas y cerradas en sí mismas. Pasan mucho tiempo “solas”.

Los cambios que se suceden pasan por diferentes niveles, y la familia va sorteando los vaivenes, las pérdidas, los beneficios. Cada integrante de la familia que emigra temporalmente pierde muchos de los roles que desempeñaba en su comunidad, como miembros de un grupo familiar extenso, de un grupo de trabajo, de un grupo de amistades (si bien no se han ido definitivamente, en lo cotidiano, en el aquí y ahora, no están).

Sólo una buena relación consigo mismo, una buena cohesión familiar, la aceptación de las pérdidas y la elaboración de los duelos, permitirá integrar de manera discriminada los distintos países, los distintos tiempos, las partidas y los regresos, los grupos de antes y los de ahora, lo que dará lugar a la reorganización y consolidación del sentimiento de identidad, que corresponderá a quienes siguen siendo ellos mismos a pesar de los cambios (Cervantes, 2000).

Marina llegó a Bruselas desde Lanús, provincia de Buenos Aires. No hablaba francés, hacía poco tiempo que se había recibido de psicóloga, recién casada, su marido había sido destinado a Bélgica, e iban a estar ahí por dos años. Al poco tiempo de llegar por casualidad conoce a un psicólogo argentino, que le ofrece hacer una pasantía en una comunidad terapéutica en la que él trabajaba. Ella se sintió entusiasmada, pero entendía muy poco el idioma y lo hablaba aún peor. “… había as en los que me sentía muy mal, ya que no lograba entender muy bien lo que pasaba y me sentía muy incómoda y extraña, y me preguntaba que estaba haciendo allí. Algunas veces sentía que no podía más y que no iba a seguir…, sin embargo seguí yendo todos los días hasta que terminó la pasantía, con una sensación muy especial, algo así como: “si pude con esto, puedo ser capaz de hacer cualquier cosa…”.

 Así, mientras que por un lado se sienten sentimientos de pena y dolor por lo que quedó atrás, por otro lado, al poder superar lo que resulta tan difícil, se apodera de uno una sensación de fuerza, de verse capaz de abordar el control del propio destino, de que nada es imposible.

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La autora Silvia Korenblum, nació en Buenos Aires y es Licenciada en Psicología, Universidad de Buenos Aires. Tiene un Post grado en terapias de familias y parejas, además de un Magister en psiconeuroendocrinologia . 

Es Especialista en problemas de desarraigo y adaptación, ha ejercido su práctica clínica en diversas instituciones clínicas y hospitalarias. Ha trabajado dictando seminarios y coordinando talleres de orientación a padres de niños y adolescentes atravesados por la problemática de la migración, en diferentes países.

Es Autora de numerosas ponencias y artículos sobre su especialidad y del libro Familias en Transito, Lumen humanitas 2003.

Casada desde hace 25 años con un diplomático. Actualmente vive en Bruselas, ejerciendo su practica clinica, terapia y coaching on line.

 

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