December 12, 2017

Etapas del desarrollo, crisis vitales y familias migrantes 1/4

Por Silvia Korenblum.

Las etapas del desarrollo con sus crisis vitales son esperables para todos los individuos. Surgen desde la naturaleza misma de la biología y de la sociedad y atraviesan la estructura familiar.

La familia, entonces, combina el entrecruzamiento de las etapas de crecimiento de cada uno de sus miembros con las etapas y el movimiento propios de ella misma. Las etapas vitales Individuales comunes a todos son Infancia, adolescencia, adultez , vejez. Las Etapas comunes familiares son: Matrimonio sin hijos , Proyecto de procreación , Crianza, Emancipación de los hijos, Nido Vacío.

Estas etapas producen cambios a los que deberá adaptarse la organización formal (o simbólica) de una familia. Son cambios de composición que exigen una reorganización de los roles y las reglas.

El desarrollo familiar demanda una gran disposición simultánea para poder responder, plenamente, a los cambios en uno mismo y en los otros. Desde luego que, a menudo, resulta difícil responder a esta demanda. Así, cada uno de los miembros de la familia se ira deslizando de una etapa a otra atravesando las distintas crisis (cambios) que hacen posible el crecimiento.

Para la mejor comprensión de las familias en tránsito es imprescindible situarse en la multiplicidad de variables que nos permite esta conceptualización.

Uno de los rasgos distintivos en las familias migrantes es que estas crisis perfectamente normales y esperables, aunque no por eso fáciles , son vividas como si fueran causadas por las sucesivas mudanzas y no como crisis que todos deberíamos esperar. Claro que, en el caso de estas familias, también se suman las crisis propias de los traslados.

Me ha tocado escuchar muchas veces a padres de adolescentes muy preocupados por conductas “inquietantes” de sus hijos, que, ellos suponían, se debían a los traslados.

Sin embargo, en realidad no eran más que conductas típicamente adolescentes.

Comprender como son estas crisis y como se entrecruzan con las crisis propias de los arraigos y desarraigos inherentes a las mudanzas ayuda a los padres y a los hijos a atravesarlas.

Claro que los efectos de un traslado serán diferentes para cada grupo familiar y según la etapa que estén atravesando sus miembros: no será igual para los niños, si éstos son bebés o pre-púberes, y no será lo mismo para las parejas, si éstas están recién casadas o tienen veinte años de matrimonio.

También los efectos diferirán si se trata de la primera mudanza o la quinta. De cualquier manera, siempre habrá algún integrante familiar más afectado que otro. Dependiendo de la etapa del ciclo vital en la que se encuentre, la mudanza los afectará de una manera especial.

Infancia

De alguna manera se podría pensar que los niños pequeños tienen más facilidad para las mudanzas ya que su mundo es su familia de origen. Entonces, lo más significativo, lo más referencial, se muda con él.

Lo que habrá que tener en cuenta, sobre todo en los más peque-ños, es el estado de ánimo de los padres, sobre todo el que pase más tiempo con él, de cómo éste experimente la mudanza. Esta vivencia será trasmitida inevitablemente al niño. De esta manera, el pasaje del niño pequeño de un país a otro, estará estrechamente ligado a cómo los padres hagan frente al estrés que el traslado provoca.

En los distintos relatos de adultos que en su infancia fueron niños de familias en tránsito, el recuerdo negativo de algún país siempre coincidía con el hecho de que a los padres nunca le gustó ese destino o tuvieron muchas dificultades para adaptarse a él.

También es fundamental tener en consideración el grado de comunicación que existe hacia los niños. Como las mudanzas “no son cosas de niños” sucede muchas veces que los padres no creen conveniente, no saben o no pueden hablar abiertamente con sus hijos de los traslados. Hay ocasiones en que los padres les tienen mucho miedo a sus niños y sienten que con “esta vida” les están causando un mal terrible.

Entonces, esta preocupación por ellos los lleva a ocultarles cosas, por lo que la incertidumbre de los niños será aún mayor que la que viven los padres.

Estos, preocupados en no preocuparlos, les crean una inquietud más grande.

Mariano de 3 años comenzó a ver que en su casa se vendían y regalaban cosas. Claro que a él nadie le había informado qué pasaba. Cuando rega- laron al perro, se acercó muy preocupado a su madre y le preguntó si a él también lo iban a regalar.

El crecimiento en la infancia entraña en todos los niños un júbilo por lo nuevo, por explorar y descubrir, también supone tristeza y ambivalencia por la pérdida de su omnipotencia: descubren que hay cosas que ya no logran hacer, ya sea porque no pueden (se lo impide su estatura o falta de fuerzas) o porque sus padres no los dejan. Supone, a la vez, la ganancia de lo nuevo y la pérdida de lo viejo. Esta dimensión importantísima del proceso evolutivo se halla, en los niños en tránsito, subrayada por las pérdidas y las ganancias geográficas y de contexto (colegio, vecinos, amiguitos).

Los niños pequeños no tienen la misma capacidad de anticipar que los más grandes. Por ejemplo, el niño, en los primeros meses de vida, cuando la madre sale, llora desesperado, porque no sabe que va a volver, no puede anticipar el regreso. La madre se va y es el vacío.

Por ello, la mudanza sin palabras ni explicaciones puede transformarse para el niño pequeño en solo pura pérdida. Una tropa de hombres con uniforme que vienen a embalar toda la casa puede ser una experiencia amenazante y violatoria para un niño, si se mira desde afuera sin ninguna palabra o gesto que medie, explique y contenga.

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La autora Silvia Korenblum, nació en Buenos Aires y es Licenciada en Psicología, Universidad de Buenos Aires. Tiene un Post grado en terapias de familias y parejas, además de un Magister en psiconeuroendocrinologia . 

Es Especialista en problemas de desarraigo y adaptación, ha ejercido su práctica clínica en diversas instituciones clínicas y hospitalarias. Ha trabajado dictando seminarios y coordinando talleres de orientación a padres de niños y adolescentes atravesados por la problemática de la migración, en diferentes países.

Es Autora de numerosas ponencias y artículos sobre su especialidad y del libro Familias en Transito, Lumen humanitas 2003.

Casada desde hace 25 años con un diplomático. Actualmente vive en Bruselas, ejerciendo su practica clinica, terapia y coaching on line.

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Fotografia Pablo Grinspun.

 

 

 

 

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